No porque quieras, sino porque el trámite parece tedioso, costoso o simplemente no urgente. Pero ¿Seamos honestos? Divorciarte no es el problema. El problema es seguir atrapad@ en un matrimonio inconveniente para ti. Cada día que pasa, legalmente sigues compartiendo bienes, responsabilidades y derechos con alguien que ya no forma parte de tu vida. Puede que pienses que no afecta tu presente, pero un matrimonio vigente limita tus desiciones, bloquea y/o condiciona proyectos que quieres comenzar y mantiene vigentes compromisos que ya no se alinean con quien eres. Si sigues esperando “el momento perfecto”, recuerda que no existe. El tiempo no resuelve un divorcio, las decisiones valientes sí. La verdadera pregunta no es si deberías divorciarte, sino ¿por qué seguir posponiéndolo?, cuando una sola conversación bien orientada te devuelve tranquilidad, independencia y la certeza de que tu historia vuelve a ser tuya.